UNA CLASE

UNA CLASE
EN UNA CLASE MAGISTRAL

miércoles, 1 de marzo de 2017

EVOCACIÓN DE LA MEDICINA INTERNA



EVOCACIÓN DE LA MEDICINA INTERNA
Edgardo Malaspina
1
Los que estudiamos en los años ochenta del siglo XX en la Universidad Rusa de la Amistad vimos la Medicina Interna en tres modalidades: Semiología Médica o Propedéutica de la Clínica Médica, Terapia Facultativa y Terapéutica Hospitalaria. Todas esas ramas de la Medina Interna tuvieron un fundador: Peter Mijailovich Kireev, autor de muchas obras de la especialidad, innumerables  trabajos científicos y del libro por el cual estudiamos “Manual de propedéutica de la Medicina Interna”  (Руководсво по пропедевтике внутренних болезней).
2
Kireev estuvo al frente de las cátedras hasta 1983. Según me informó Dbornikov todas las especialidades de la Medicina Interna fueron unificadas en una sola cátedra en 1987 bajo la dirección de Valentín Moisiev; pero en el 2002 fueron separadas nuevamente “por no obtener los resultados que esperaban”.
3
Cursamos Semiología y Terapia Facultativa en el Hospital 64. Allí, por primera vez abordamos a un enfermo, aprendimos a examinarlos, palparlo y  a escribir su historia clínica. Nos enseñaron a manejar el estetoscopio, revisar un electrocardiograma, interpretar un examen de sangre; y en fin, hicimos un repaso de todos los órganos del cuerpo humano y la manera de estudiarlos.
4
El primer día de Semiología estábamos sentados en uno de los pasillos del hospital. Conversábamos entretenidamente cuando de repente se presentó una de las docentes que acompañaba a un señor mayor, y nos dijo: “Todos de pie, llegó el “profiesor  Kireev”. Sí, eran otros tiempos con una disciplina chapada a la antigua. Debíamos pararnos al entrar un jefe de cátedra al salón, nos vestíamos todo de blanco con gorro y tapaboca y escuchábamos en silencio absoluto.

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Kireev hablaba de manera pausada y paternal. Una vez nos aconsejó dibujar siempre las curvas de las temperaturas corporales “porque nos ayudan mucho a la hora de precisar la etiología de la enfermedad”. En otra ocasión le hizo una observación, aparentemente nimia pero cierta,  a un estudiante en una historia clínica: “Nunca escribas que el paciente se queja de una fuerte debilidad. La debilidad nunca puede ser fuerte…”(слабость не может быть сильная).
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En la pleuritis podemos escuchar un sonido parecido al crujir de los zapatos sobre la nieve, decía Kireev. Esa explicación onomatopéyica en medicina sólo la podíamos conocer en un país con un invierno  como el ruso.
7
Entre papeles viejos encontré una fotografía de Kireev, y que se la tomé yo mismo. Agarrado al podio, con sus lentes negros, en palto y de corbata interviene ante el Consejo Académico de nuestra facultad.  Eran los mejores tiempos de las fotos en blanco y negro y que revelábamos en un cuarto oscuro con unas bandejas llenas de reactivos.

8
  Boris Panfilov, junto a Kireev daba las clases magistrales. Era alto, de pelo blanco y muy inquieto. Se especializaba en vías biliares y estudiaba el dolor que producen cuando son afectadas, el cual hay que diferenciar de las cardialgias.
“Muchachos-nos arengaba-siempre practiquen ejercicios, nunca tomen un ascensor. Hagan como yo que todo el tiempo subo por las escaleras”.
9
Otro profesor que recuerdo es Makshanov, siempre serio, circunspecto y estricto en sus lecciones. Una vez no lo vimos en la clase: estaba hospitalizado con un infarto del miocardio y su pronóstico era reservado. A los pocos días apareció con traje de enfermo visitando a sus pacientes en sus respectivas salas para pasar revista y acompañado de sus alumnos. Seguía siendo el médico y el profesor incluso en esos momentos difíciles de su vida.
10
Terapéutica Hospitalaria la estudiamos en el nosocomio Nro. 53  de Moscú.Valentina Kononiachenko, la médico jefe y quien fundó la cátedra en 1965, no disimulaba su orgullo de haber sido discípula del doctor Miasnikov, uno de los  más reconocidos médicos internistas soviéticos, ganador del premio internacional el Estetoscopio de Oro, galardón que se otorgaba quienes podían diagnosticar cualquier enfermedad del corazón con solo recurrir al método de auscultación. Lo han recibido solo cuatro médicos, entre ellos el norteamericano White, uno de los tres que describió el síndrome deWolff-Parkinson-White.  No es casualidad que esta cátedra se dedique al estudio del miocardio y la electrocardiografía en general.  Kononiachenko escribió muchos libros, entre ellos uno sobre hipertensión arterial y otro sobre diabetes. Se paseaba por los corredores del hospital lentamente con una sonrisa. Era una anciana cuando nos correspondió estudiar su asignatura entre 1982 y 1983.
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 El profesor Tatarkin, de Terapéutica Hospitalaria, era un hombre delgado, con una joroba. Usaba lentes y fumaba mucho, pero sabía explicarnos cualquier tema cuando estábamos frente al paciente. Decía que el estetoscopio se debe pasar lentamente por todo el tórax sin dejar de auscultar un milímetro.  Escribió un libro sobre cardiomiopatías.
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Entre 1984 y 1982 la cátedra fue dirigida por el doctor Igor Nokolaevich Bokarev, especialista en problemas de la coagulación de la sangre. Bokarev tenía como tema preferido de investigación la microcirculación sanguínea. Publicaba sus libros (sobre tratamientos de leucemia y coagulación de la sangre) y traducía otros del inglés. Más tarde fue mi asesor durante mi especialización. Dirigió el Centro Soviético para el Estudio de los Medicamentos que influyen sobre la Hemostasis.
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En 1984 en la cátedra se anexó el curso de hematología  dirigido por el doctor Alpidovski, quien escribió dos libros: uno sobre las anemias y otro sobre las leucemias. Se le considera uno de los primeros en describir la leucemia de células peludas en la URSS.
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En 1988 tomó las riendas de la cátedra el profesor Moiseiev, un reconocido cardiólogo con varios manuales(a dos manos con el doctor Sumarokov) sobre su especialidad utilizados en todas las universidades de Rusia.
15
En 1993 Vladimir Dvornikov fue designado jefe de la cátedra. Publico varios libros sobre los métodos diagnósticos en cardiología (Fonocardiografía). Dvornikov es un hombre de una humildad extraordinaria y se le ve en las calles caminando pensativo y con una sonrisa que refleja bondad e inspira confianza.















viernes, 24 de febrero de 2017

EVOCACIÓN DE LA FISIOPATOLOGÍA

EVOCACIÓN DE LA FISIOPATOLOGÍA
1
La cátedra fue fundada por Timofei Beslekoev, y a partir de 1970 la dirigía Víctor Alekseivich Frolov: Decano de la Facultad de Medicina y Jefe de la Cátedra de Fisiopatología de la Universidad de la Amistad de los Pueblos de Rusia   . Doctor en Medicina ( Ph.D. ) y postdoctor en Ciencias médicas ( doctor en Ciencias ) . Presidente de la Asociación de decanos de todas las facultades de medicina de todas las escuelas de medicina, institutos, universidades y academias de Rusia. Recibió el título de Personalidad Emérita de las Ciencias de la Federación Rusa. Miembro de la Academia de Ciencias Naturales de Rusia. Miembro Correspondiente de la Academia de Ciencias de Alemania. Publicó casi 500 trabajos sobre fisiopatología y Cardiología Experimental. Su libro de Fisiopatología era el manual oficial de todas las Escuelas de Medicina de Rusia.
2
En la cátedra se investigaba aspectos funcionales del miocardio a través del estudio de las mitocondrias. Frolov tenía sus propias teorías sobre el surgimiento de las arritmias. Drozdova apoyaba a Frolov en todas sus iniciativas. Tatiana Kazanskaia estaba siempre en el laboratorio montando experimentos. Chibis estudiaba los biorritmos del sol y su relación con la salud. Tolia, siempre en su estudio rodeado de retratos de filósofos, entre los cuales se destacaba el de Hegel, hablaba de la heurística. Repetía que el hombre derrotó las enfermedades infecciosas, pero eso desequilibró la naturaleza provocando el surgimiento de otras enfermedades. Además,  no había necesidad de hacer tantos experimentos porque a través de la filosofía se podía resolver muchos problemas médicos. Frolov a veces lo escuchaba y sonreía.
3
Pero igual lo experimentos con animales continuaban. Ranas, perros y conejos sirvieron para modelar hipertensión, trombos, cirrosis, anemia, etc. Nos guiábamos por un manual de prácticas de fisiopatología, redactado por  el propio Frolov.
4
En las paredes del corredor de la cátedra estaban varios retratos, y en lugar destacado el de Selye con un pensamiento del autor del estrés: “Descubrir algo es ver lo que todos ven, pero pensar como nadie ha pensado”.
5
Frolov solía estar en su oficina, leyendo y fumando su pipa. Sus clases magistrales eran simplemente espectaculares: a la hora exacta entraba al anfiteatro, donde resonaba su voz clara  y agradable; y con una   dicción esmerada anunciaba el tema. Hablaba, tiza en mano  haciendo trazos sobre el pizarrón. Sus explicaciones y argumentos eran sencillos pero elegantes y contundentes .Un proceso patológico difícil se iba diluyendo en su madeja hasta hacerse fácil de entender.
6
Iniciaba una clase con una frase impactante:
-“El cáncer está en toda la naturaleza, tanto en el reino animal como en el vegetal. (Luego venía un juego de palabras muy jocoso en ruso):
Incluso, hasta el cáncer (cangrejo) se enferma de cáncer” (даже рак болеет раком)
-La diabetes afecta todos los componentes del metabolismo. Es como un incendio, cuyas llamas llegan a todos los rincones de la casa.
-Todas las enfermedades provienen de los nervios, menos la sífilis que viene de un momento placentero.
7
Todo médico debe ser fisiopatólogo, decía Frolov. Hablaba de Pavlov, Mechnikov, y Séchenov. La fisiopatología nació en Rusia, afirmaba. No olvidemos el meollo de esta disciplina: “La fisiopatología es la filosofía de la Medicina”.
8
Frolov era el  Secretario General del Partido Comunista de la Universidad, y desde ese cargo político  nos arengaba cuando partíamos a los trabajos estudiantiles (строиотельный отряд) o a las faenas voluntarias (субботник)  para limpiar el campus universitario o las calles de la ciudad, por ejemplo. Hablaba de la moral comunista, de Marx y de Lenin.
9
Cuando empezó la Perestroika me acerqué a su oficina, como siempre solía hacerlo para que me orientara.
“Esto de la Perestroika es porque hay cosas que los comunistas no hemos hecho bien”. Eso me dijo.
10
Luego del derrumbe de la URSS le escribí para indagar sobre ese acontecimiento. Frolov me contestó desde Moscú el 9 de septiembre de 1991:
Estimado Edgardo:
“…En agosto en nuestro país tuvimos acontecimientos terribles: un golpe de estado, contra el cual actuamos  en las barricadas (todos esos días los pasé allí). Pero a la final no permitimos que el fascismo pasara”.
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 Luego de casi tres lustros  regresé a Moscú. Lo busqué. Estaba en su cubículo con su pipa y todavía era decano (no tenía contrincante). Por supuesto que le pregunté por todos los cambios políticos. Me contestó brevemente pero con mucha seguridad: “Actuamos mal en muchas ocasiones. No había traidores a la patria, sino gente que pensaba distinto a nosotros…”

12
Con muchas investigaciones y libros dedicados a la cardiología experimental, en sus últimos años se dedicaba a estudiar la música clásica, el teatro, la literatura y la historia universal. Fundó su propia compañía teatral, a la cual denominó “Hipócrates”. En las festividades con motivo del décimo quinto aniversario de la fundación de nuestra facultad médica, Frolov fue el profesor más celebrado. Le dedicaron poemas y canciones.
Frolov actuó para nosotros en una obra teatral con parlamentos filosóficos. Esas escenificaciones en las tablas se hacían en el mismo anfiteatro sonde solía dictar sus conferencias.

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Al enterarme de su muerte lo evoqué con un ritual muy a la rusa: con una copa de vodka. Me embargó un sentimiento ambiguo entre la tristeza por su partida y la alegría de haber tenido entre mis profesores a este portento de la ciencia médica.
¡Cosas del  tiempo y los años propios que nos hacen ver el pasado con el cristal de la nostalgia!


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Recordaremos siempre a Frolov como el Maestro inigualable en la tribuna de las clases magistrales; el orador sin parangón, cuyo verbo electrizaba a la audiencia estudiantil al transformar lo incomprensible en una  clara y sencilla verdad. Pero también lo recordaremos como el amigo, a quien podíamos recurrir, en un momento difícil, por un consejo esclarecedor con su lógica irrebatible.











sábado, 18 de febrero de 2017

EVOCACIÓN DE LA MICROBIOLOGÍA

EVOCACIÓN DE LA MICROBIOLOGÍA
1
Jamás olvidaré los laboratorios de Microbiología de nuestra Facultad de Medicina. Aquellos recintos limpios con microscopios, mecheros, tubos de ensayo y colorantes eran un mundo fascinante que se abría ante nuestros ojos para soñar.
2
Teníamos clases con las profesoras Valentina  Stefanovna Girich, Liubov Fiodrovna Levina y Ludmila Karpenko. Eran unas mujeres abnegadas, amantes de la docencia, la cual practicaban con mucha mística. Nos enseñaron las partes del microscopio y su manejo. Con ellas aprendimos  como colorear un portaobjeto con algún material para luego observarlo a través del ocular. En placas de Petri vimos crecer colonias de bacterias para sorpresa de nosotros, neófitos del   micromundo, descubierto por Leeuwenhoek y que  debíamos recorrer como parte de nuestra formación médica. Tras varias clases pudimos ver algunos microbios  inmóviles que alguna vez fueron peligrosos, pero que ahora  llenos de colores hermosos, estaban atrapados en un rectángulo de vidrio que extraíamos de unas cajitas de madera.
3
El jefe de la cátedra era Vasili  Sylvestrovich Kiktenko, un hombre alto, calvo y  que con su voz gruesa nos daba las clases magistrales. Como casi todos nuestros profesores participó en la Segunda Guerra Mundial, y el Día de la Victoria (Dien Pobiedi, 9 de mayo de 1945) estaba en los combates de Berlín. Era especialista en leptospirosis y miembro del  Comité Taxonómico Internacional para el estudio de esa bacteria. Dirigió una expedición en el Extremo Oriente, donde descubrió un nuevo serotipo de leptospirosis. Publicó más 200 trabajos científicos y 5 libros de textos.
4
Kiktenko era el tipo de investigador que arriesgaba su vida para demostrar sus teorías: una vez se autoinoculó  con material infectado con tularemia o fiebre de los conejos para experimentar en carne propia los síntomas del mal. Creo que era un romántico de la medicina experimental porque en varias ocasiones se refirió a Bogdánov, el médico ruso que murió luego de habérsele transfundido sangre de una persona padecía de malaria y tuberculosis. También habló de Pettenkofer, el científico alemán que bebió cultivos de vibriones de cólera para contrariar a Koch.
5
Por las tardes podíamos ver en las canchas de la universidad a Kiktenko en traje deportivo blanco, jugando al tenis. Llamaba la atención sus rápidos movimientos con la raqueta con sus más de setenta años.
6
En el examen final tomé al azar el cartón con las preguntas. Me entregaron un preparado, el cual debía colocar bajo el microscopio para identificar la bacteria o microbio que contenía. Estaba muy nervioso pero con el primer vistazo a mi lámina tomé confianza y me alegre.
7
Me correspondió rendir el examen al propio Kiktenko. Sabíamos que el desarrollo de la evaluación lo definiría el vidrio que estaba en el microscopio. Esa era la primera pregunta. Le dije que veía glóbulos rojos y blancos, y entre ellos estaban unos microbios alargados con flagelos, que creía eran tripanosomas. Es correcto, me dijo; y luego entablamos una conversación que yo consideré especial para conmigo.
8
No fue un trato especial para conmigo solamente; de eso me enteré después. En realidad, Kiktenko trataba con mucho respeto y deferencia a todos sus estudiantes, simples párvulos que soñábamos con obtener un título. Él, que había visto izar la bandera roja de su país sobre el humeante y humillado Reichstag, cuyo simbolismo iba más allá del fin de la Gran Guerra Patria. Él, médico que hizo expediciones para indagar y descubrir microbios, que realizó osados experimentos poniendo en riesgo su propia vida. Que era el “profiesor” con los máximos títulos, medallas y condecoraciones. Que tenía muchos libros y artículos publicados. Él, Kiktenko, nos trataba de tú a tú, para darnos confianza, para ayudarnos, para que creyéramos en nosotros  mismos.
Nuestros profesores eran sabios, humildes y magnánimos. Nos dieron una lección para toda la vida.







 





domingo, 12 de febrero de 2017

EVOCACIÓN DE LA HISTOLOGÍA

EVOCACIÓN DE LA HISTOLOGÍA
1
Las clases de histología eran muy atractivas. Estudiábamos por un atlas, diseñado por Eliseev, fundador de la cátedra. Observamos por el microscopio y dibujábamos. Elisieev, quien también fue jefe en  histología del Instituto Médico Nro 1, Sechenov,  dirigió la revista “Archivos de anatomía, histología y embriología”. Sus trabajos de investigación tienen que ver con la influencia de los vuelos cósmicos sobre las células.
2
La jefa de la cátedra era Nina Aleksevna Yurina. La mayoría de las clases magistrales estaban a su cargo. Yurina publicó más de 200 trabajos científicos y un manual de histología, empleado en todas las facultades de medicina de la URSS.
3
Las clases prácticas las teníamos con Adel Ivanovna Radostina y  Valentina Remizova.  Radostina era una investigadora con más de cien trabajos científicos publicados. Escribió junto con Yurina el manual de histología y embriología  con el cual estudiábamos con el microscopio. Era muy bondadosa y cariñosa en sus explicaciones. Su humildad contrastaba con sus logros académicos. Tenía un leve defecto en el cuello, el cual se mostraba ladeado. Los estudiantes le dieron el apodo de “Esternocleidomastoideo”,  el músculo del cuello que permite el giro y el movimiento lateral de la cabeza, demostrando agudeza y precisión anatómica, pero también un injusto y mordaz humor para quien sólo nos enseñaba con esmerada paciencia y comprensión. Bueno, eso es lo a uno le parece con el correr del tiempo.
4
Una vez, durante una clase de laboratorio, debíamos precisar y dibujar las partes de un  órgano, mientras Remizova explicaba lo que debíamos ver para llevar al álbum con nuestros lápices de colores. Le dije que no veía con exactitud lo que ella indicaba. Inmediatamente me respondió:
-Hay que fantasear para ubicar y ver lo que se busca.
He tratado de descifrar esa frase a lo largo de los años. Ahora creo entender su significado: la ciencia no puede existir sin el arte; y más pedestremente: uno ve lo que quiere ver. Soñar no cuesta nada.

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jueves, 2 de febrero de 2017

EVOCACIÓN DE LA BIOLOGÍA

EVOCACIÓN DE LA BIOLOGÍA
1
 Una cátedra de la Facultad de Medicina de nuestra universidad era, y aún es, un amplio corredor adornado con retratos de científicos relacionados con la especialidad en cuestión, y carteleras alusivas a la misma. A lo largo del corredor están las aulas, laboratorios y oficinas. La atmósfera silenciosa junto a las imponentes figuras de destacados médicos nos transmitían la sensación de encontrarnos en un templo y eso nos instaba a mantenernos serios y respetuosos. Por ejemplo   la  Cátedra de Biología tiene en lugar destacado un retrato de su fundador, el profesor Fedor Talysin.
2
 Talysin  fue un prestigioso parasitólogo de la Academia de Ciencias Médicas de la URSS que realizó  expediciones en el Cáucaso, Siberia y la India. Publicó   muchos libros y más de ciento cincuenta trabajos científicos.
2
La difilobotriosis es una enfermedad humana causada por la tenia de los peces del género Diphyllobothrium . El fundador de nuestra cátedra describió por primera vez uno de esos parásitos, que  lleva su nombre: Diphyllobothrium strictum Talysin.  Este descubrimiento lo hizo en1932 en la Isla Olkhon del Lago Baikal.
3
Las clases prácticas las teníamos con el profesor Vladimir Nakariakov. Estudiábamos genética con un libro de su autoría.  Tenía su laboratorio bien limpio y  él mismo lo ordenaba. Lo vi con instrumentos en la mano reparando algún estante o pintando una pared. Amaba la docencia.Organizaba una biblioteca sobre temas de biología en varios idiomas  y un museo.
4
A Ludmila Karpenko, también profesora de la cátedra, la recuerdo siempre junto a Nakariakov en el cafetín de la facultad. Él se retiraba a una esquina y encendía un cigarrillo mientras tomaba café. En esa época aún se permitía fumar dentro de la facultad, ahora se levantó un galpón en la calle para los fumadores.
5
Nakariakov era un hombre de buen humor. Una vez mientras hablaba de hexápodos, y en general de las patas de los insectos, Bienvenido  Morales, mi buen amigo de Ecuador, le preguntó si siempre esas extremidades insectiles debían ser pares. Inmediatamente Nakariakov le contestó:
-No necesariamente. Si tú le arrancas una pata a unos de esos bichitos, entonces obtendrás  un insecto con extremidades impares.
6
Las clases magistrales estaban a cargo del profesor Piejov. Alexander Petrovich Piejov nació en  Ucrania. Era veterinario con un doctorado en   Ciencias Biológicas.  Participó en la segunda guerra mundial. Fue director del Instituto Experimental  de la Academia de Ciencias Médicas de la URSS. En los laboratorios de nuestra universidad investigaba los plásmidos, la estructura genética y molecular de los microorganismos y la resistencia de las bacterias a los medicamentos.
7
Piejov había publicado varios libros de biología, entre ellos un manual que aún se edita. No era raro oírlo hablar de la presentación de sus trabajos en Estados Unidos, Suecia, Inglaterra, Japón y muchos otros países.
8
En cada clase Piejov repetía una frase inolvidable: “La Biología es la base de todas las ciencias médicas. La medicina empieza por el estudio de la Biología. Un médico es potencialmente un biólogo”.
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Piejov tenía mucha razón, y no entiendo por qué en nuestras facultades médicas no existe una disciplina como la biología en el primer año de la carrera para hacer un repaso global de los organismos y sus funciones vitales.
















sábado, 28 de enero de 2017

EVOCACIÓN DE LA BIOQUÍMICA

EVOCACIÓN DE LA BIOQUÍMICA
1
Las clases de bioquímica eran teóricas y prácticas. Las lecciones magistrales estaban a cargo del jefe de la cátedra Beriozov y los docentes Chernov y Zanin .  Beriozov abordaba cualquier tema, mientras que los otros eran especialistas en vitaminas  o en unas de las tantas sustancias de nuestro organismo como las hormonas. Las clases prácticas eran lo más parecido a un examen de laboratorio de esos que solemos solicitar a nuestros pacientes. Una vez nos tomamos muestras de sangre unos a otros para determinar los niveles de glucosa. Luego comimos algo y al cabo de  dos horas nos volvimos a medir la glicemia. En aquella ocasión todo eso nos asombraba; hoy, la cotidianidad de esos laboratorios  nos hace recordar esas clases con una sonrisa.
2
Revisando las noticias me enteré de la muerte de Beriozov en el 2014. Había nacido en 1924. En los espacios de nuestra universidad se le rindió un gran y merecido homenaje antes de llevarlo cementerio.
3
Beriozov quedó en mi mente como lo más parecido a un genio. Tenía una memoria portentosa. Pacientemente llenaba un vidrio colocado sobre el retroproyector  con una hilera de fórmulas y explicaba. Luego lo apartaba, tomaba  otro y lo volvía a llenar. Su método se reflejaba en las evaluaciones: nos exigían memorizar los componentes  del metabolismo a través de sus fórmulas.
4
Una vez Beriozov  escribió letras y números para demostrar la conversión de los carbohidratos en lípidos. Luego respiro hondo y dijo:
-No crean que somos más listos que los hombres del pasado. Los antiguos sabían esto aunque no conocían las fórmulas, por eso alimentaban a sus animales con harinas, convencidos de que formarían grasa bajo su piel. Así obtenían el tocino, por ejemplo.
5
Había iniciado sus estudios en Matemática y Física, pero la guerra lo sorprendió y con apenas 18 años ya estaba en el frente de batalla. Al finalizar la guerra decidió estudiar medicina.
6

Se llamaba  Temirbolat Tembolatobich (era de Giorgia); pero ese nombre no lo pronunciábamos   y  preferíamos llamarlo por su apellido: Beriozov (1924-2014). Participó en la segunda guerra mundial. Fundó la Cátedra de Bioquímica de nuestra universidad y fue el primero de nuestros profesores en llegar a la Academia de Ciencias de la URSS como Individuo de Número y uno de los directivos de la Sociedad de bioquímicos de la URSS.
7
Se dedicó a investigar las bases moleculares del crecimiento de las células tumorales. Estudió los fermentos, aminoácidos  y encimas de los tumores malignos en humanos y animales, especialmente en las leucemias. También buscaba algún medicamento contra el cáncer. En su especialidad patentó varios trabajos originales e inventos.
8
Escribió diez manuales y su libro de bioquímica, escrito conjuntamente con el académico Korovkin, era el texto oficial para todos los institutos y escuelas de medicina de URSS.
9
En el 2011, con motivo de cumplir nuestra facultad medio siglo, Beriozov intervino y dijo:
-Cuando camino por los pasillos oigo que los estudiantes murmuran sobre mí y dicen: miren, allí va el profesor más antiguo. A mí lo de “antichni” me suena  a pieza de museo.
El público lo aplaudió entre risas…





viernes, 20 de enero de 2017

EVOCACIÓN DE LA FISIOLOGÍA

VOCACIÓN DE LA FISIOLOGÍA

1
Quienes estudiamos Medicina en la Universidad Rusa de la Amistad podemos decir con orgullo que nos nutrimos en las fuentes más ricas del saber, herederas de las mejores tradiciones rusas en el ámbito académico, científico y cultural. Y esta afirmación es particularmente cierta en el caso específico de una disciplina: la Fisiología.
2
En efecto, nuestra Cátedra de Fisiología fue fundada y organizada por Peter Kusmich Anojin, un adelantado discípulo de Iván Petrovich Pavlov, Premio Nobel de Medicina y Fisiología. Anojin fue el primero en formular la teoría de los sistemas funcionales, aplicada a los procesos fisiológicos.
Antes de trabajar con Pavlov, Anojin se había iniciado como investigador bajo la conducción de Vladímir Béjterev (neurólogo, fisiólogo y psiquiatra ruso), famoso en la Historia de la Medicina por describir por primera vez una entidad nosológica que lleva su nombre: la enfermedad de Béjterev (espondilitis anquilosante), morbo parecido a la artritis reumatoide, pero con el factor reumatoide negativo.
Anojin tomó parte en la guerra civil rusa que se inició luego de la Revolución de Octubre en 1917. El encuentro con el comisario Lunacharski lo marcó para toda la vida. Esa vez le manifestó al jefe revolucionario su deseo de estudiar el cerebro humano para “entender el mecanismo material del alma humana”.
3
A finales de la década de los setenta del siglo XX, cuando cursé Fisiología, la cátedra la dirigía Anatoli Vitalievich Korobkov. Era el encargado en la Academia de Ciencias de la URSS para el estudio de la fisiología del deporte, jefe médico para la preparación de los equipos de la URSS participantes en los juegos olímpicos y directivo de la UNESCO.
Pero sinceramente y con mucho respeto debe decir que sus clases magistrales no me gustaban. Korobkov era monotemático: hablaba preferiblemente de la fisiología del deporte, materia en la que se destacaba y era un gran maestro.
4
En 1981 el jefe de la cátedra era Nikolai Agadzhanián, estudioso de los cambios fisiológicos durante los vuelos cósmicos y uno de los médicos de Yuri Gagarin, el primer hombre es salir al espacio.
5
Las clases prácticas en el laboratorio eran muy interesantes. En la cámara de Goriaev contábamos glóbulos blancos y rojos. Medíamos la hemoglobina con el hemoglobinómetro de Sahli. Trabajamos con ranas, sapos y ratones. Repetíamos algunos experimentos para buscar, por ejemplo, los capilares que una vez encontró Malpighi. Otras veces venían unos técnicos y nos hacían demostraciones con perros o conejos.
6
Recuerdo a las docentes Inna Vlasova Y Sofía Chesnokova por la manera paciente y amena de explicar los complicados temas de la Fisiología en el laboratorio, en cuyas mesas estaban colocados manómetros, microscopios y otros aparatos. Los manuales y libros con los cuales estudiábamos eran de la autoría de nuestros profesores.